Un martes de septiembre abrí la laptop como cualquier otro día. El correo de trabajo no cargaba. Pensé que era la sesión. Volví a entrar y tampoco. Abrí Slack: fuera. Abrí el repo en GitHub: 404.
No hay una pantalla que te diga “te despidieron”. Hay una serie de cosas que simplemente dejan de abrir.
El correo con la noticia llegó después. Después de los accesos. Decía que el contrato terminaba con efecto inmediato y que el último pago salía en el siguiente ciclo. Correcto, breve, sin una sola línea sobre por qué.
Respondí preguntando dos cosas. La primera, si podían darme feedback sobre la razón, porque llevaba meses ahí y no tenía una sola conversación previa que apuntara a esto. La segunda, que me llamaba la atención el orden: los accesos se cortaron antes de que existiera el aviso. Es un detalle que parece menor y no lo es, y voy a volver a él más abajo.
Nunca pensé que me iba a pasar a mí
Esa frase la escribí en un papel el mismo día, antes de escribir cualquier otra cosa. La dejo acá tal cual porque es la parte honesta.
No es que creyera que era intocable. Es que había construido una idea equivocada de lo que tenía. En mi cabeza yo tenía un trabajo. Lo que tenía en realidad era acceso, prestado, revocable, y sin ninguna conversación de por medio.
Y el acceso se corta en un clic. Lo sé porque yo mismo he ejecutado ese clic en tiendas de clientes: quitar un usuario del admin de Shopify, sacar a alguien del repo. Toma dos segundos. Nunca lo había visto desde el otro lado.
Lo que estaba haciendo cuando se cortó
Mi último pull request quedó abierto.
Esa es, de todas las cosas de ese día, la que más me costó. No el correo, no el pago. El pull request. Porque ahí estaba el trabajo a medias, la cosa que iba a quedar bien, el pedazo de mí que estaba adentro de ese proyecto.
Y esa es exactamente la trampa. Uno se ata emocionalmente al trabajo, no al contrato. El contrato decía, en letra que yo había firmado, que esto podía terminar así. El trabajo decía otra cosa, todos los días, durante meses.
La diferencia entre un trabajo y ser un contractor
Esto es lo que de verdad quiero dejarte, y es incómodo si estás en la misma posición en la que yo estaba.
Cuando trabajas como staff aumentado (o como contractor), a través de una intermediaria, con un EoR, todos los días se sienten como un empleo. Tienes tu correo de la empresa, tu canal en su Slack, tu foto en su directorio, tu manager, tus rituales, tus standups. Tienes la sensación completa de pertenecer.
Pero no eres de ahí. Contractualmente eres una línea de gasto que puede desaparecer sin proceso, sin carta, sin reunión y sin explicación. No hay maldad en eso necesariamente: es lo que el papel dice desde el primer día. El problema es que la experiencia diaria te cuenta un cuento distinto, y uno le cree al cuento.
El orden de ese martes es la prueba más limpia de la diferencia. A un empleado le avisas y después cortas. A un proveedor le cortas y después avisas. Yo me sentía lo primero. Era lo segundo.
Lo que haría distinto, y lo que te recomiendo si estás ahí
Nada de esto es sobre desconfiar de la gente con la que trabajas. Es sobre no apoyar toda tu estructura en algo que no controlas.
Mide qué porcentaje de tu ingreso es un solo cliente. No la respuesta que te gustaría, la real, con números. Si un cliente es más de la mitad, no tienes un negocio, tienes un empleo sin las protecciones de un empleo. Yo lo sabía y no lo había hecho suficientemente incómodo como para actuar.
Tu registro de lo que hiciste es tuyo, tu acceso no. No estoy hablando de sacar código ni nada que hayas firmado no sacar. Estoy hablando de lo que sí es tuyo: lo que resolviste, con qué números, qué decisiones tomaste y por qué. Escríbelo mientras pasa, en tu propio lugar. El día que te cortan el acceso, todo lo que vivía solo adentro de esa herramienta deja de existir para ti.
Ten un canal que nadie te pueda apagar. Un sitio tuyo, una lista de correo, una audiencia. Cuando se cayó el contrato, lo único que seguía siendo mío era lo que había publicado con mi nombre. Si te sirve de dato: esto que estás leyendo existe por eso. Si quieres empezar el tuyo hoy, suscríbete a esta lista.
Y pregunta igual. Yo respondí ese correo pidiendo feedback sabiendo que probablemente no me lo iban a dar. Lo hice igual, por dos razones. Una, que a veces sí te contestan y aprendes algo. Dos, y esta es la que importa más, porque cerrar en tus términos cambia cómo cargas esto después. No es lo mismo que te pase algo a responderle a algo que te pasó.
Dónde estoy ahora
Esto me empujó a poner toda mi energía en los dos proyectos que ya venía construyendo: mi marca personal y mi propia agencia de desarrollo, MTB Labs. Llevo meses metiéndome de lleno en cómo se construye una marca y un negocio propio, aprendiendo de gente como Alex y Leila Hormozi, Gary Vee y Oliver Kenyon. No ha sido fácil, y el lead generation todavía me cuesta. Pero vamos creciendo, y esta vez sobre algo que es mío.
Si esto me pasó a mí, te puede pasar a ti. No lo digo para asustarte. Lo digo porque yo leí varias veces una frase parecida, dije que loco que estas cosas sucedan, y no cambié nada.
Cambia algo hoy. Aunque sea una cosa. Construye tu propio camino.